Pobre Jake Lloyd. Sí, estamos hablando de ese chaval que interpretó a Anakin Skywalker en Star Wars episodio I: La amenaza fantasma. Resulta que Lloyd lo pasó muy, pero que muy mal tras aparecer en la saga galáctica con 12 años, hasta el punto de describirlo como “un infierno en la Tierra”. “Nunca volveré a acercarme a una cámara”, dijo. Y gran parte de la culpa la tuvo el propio George Lucas (recordemos: el hombre cuyo método para la dirección de actores se reduce a decirles “más rápido” y “más intenso”). Por si eso fuera poco, Lloyd tuvo que aguantar las burlas de sus compañeros de cole: “Cada vez que los otros niños me veían, se ponían a imitar el ruido de un sable de luz”, afirma, comentando acto seguido que en aquella época tenía que hacer hasta 60 entrevistas al día.

Entendemos que Lloyd lo pasase fatal en aquella época de su vida, y que no quiera volver a pisar un plató jamás. Pero reconozcamos que se libró (por poco, pero se libró) de convertirse en un adulto patético como tantas otras estrellas infantiles, y que su caso es poca cosa si lo comparamos con los de otros actores y actrices destruídos por el encasillamiento. Y ojo, porque no nos referimos a lo profesional, sino también a lo personal: si quieres comprobarlo, échale un vistazo a este informe.

Mark Hamill

El papel que le arruinó la vida: Luke Skywalker (La guerra de las galaxias, 1977)

¿Cómo se la arruinó? La leyenda urbana nos pinta a un Hammill absolutamente demenciado por culpa de las drogas y de la falta de oportunidades laborales, creyéndose un caballero Jedi en la vida real. Sea esto verdad o no (y todo apunta a que lo es) el heredero de Darth Vader tuvo una suerte negra en la vida real: por mucho que alternase las entregas de Star Wars con filmes estimables (Correrías de verano, 1978) o magistrales (Uno Rojo: división de choque, 1980), el fin de la saga galáctica significó para él un fulminante regreso al mundo de los telefilmes y el bajo presupuesto. Y todo ello, mientras su compañero (que no amigo) Harrison Ford subía como la espuma… Sin embargo, la vida le ha dado otra oportunidad interpretando a… Sí, otra vez a Luke Skywalker en Star Wars: El despertar de la fuerza… Qué será de él cuando acabe la nueva trilogía, ¿descenderá de nuevo a los infiernos?.

Anthony Perkins

El papel que le arruinó la vida: Norman Bates (Psicosis, 1960)

¿Cómo se la arruinó? Primero, arrojándole en brazos de infinitos papeles como asesino psicópata o sospechoso de serlo, tanto en el cine estadounidense (Un maravilloso veneno) como en el europeo (La década prodigiosa, de Claude Chabrol). Para colmo, a partir de 1983 se embarcó en cuatro dudosas secuelas del filme que le dio la fama, la última de las cuales (Psicosis IV – El comienzo, 1990) apareció directamente en forma de telefilme. Enfermizamente tímido y acosado por sus neuras sexuales, Perkins murió a causa del sida en 1992.

Leonard Nimoy

El papel que le arruinó la vida: Spock (Star Trek, en forma de series y películas)

¿Cómo se la arruinó? El caso de Nimoy es a la vez trágico y enternecedor: él, que había sido profesor de arte dramático y que tenía vocación de artista multidisciplinar (actor, escritor, músico…) comenzó odiando tanto al vulcaniano de orejas puntiagudas que tituló su libro de memorias No soy Spock. Después, tras liquidar al personaje en Star Trek II: La ira de Khan, comprendió que desprenderse de esa manera de un rol al que debía tantas alegrías, y que pagaba los réditos de una carrera sin muchas luces, no merecía la pena. De modo que Leonard volvió a vestir el uniforme de la Federación, llegando a dirigir Star Trek IV: Misión salvar la Tierra y titulando el siguiente volúmen de su autobiografía Yo soy Spock. Qué cosas.

Vivien Leigh

El papel que le arruinó la vida: Escarlata O’Hara (Lo que el viento se llevó, 1939)

¿Cómo se la arruinó? Más que un simple golpe de mala fortuna, el primer caso femenino de nuestra lista debió su desgracia a un cúmulo de circunstancias. Por si el rol de amada de Rhett Butler no fuera lo bastante poderoso como para comerse la carrera de cualquier actriz, va la tía, y se casa con un neurótico como Laurence Olivier. De las tan sólo 20 películas que Leigh rodó como actriz, la mayoría la pusieron en el rol de señorita con polisón, mientras que el filme que pudo haberla sacado de ese marasmo (Un tranvía llamado deseo, 1951), con Oscar incluído, suscitó las iras de su esposo: como vimos en Mi semana con Marilyn, ‘Sir Larry’ no estaba dispuesto a que su señora fuese más popular que él, y menos aún juntándose con ese bohemio de Marlon Brando.

Tim Curry

El papel que le arruinó la vida: Frank N’Further (The Rocky Horror Picture Show, 1975)

¿Cómo se la arruinó? Un consejo importante: si conoces alguna vez a este distinguido actor británico, no se te ocurra hablarle de comedias musicales con androides culturistas, mad doctors travestis y Susan Sarandon. Porque Curry, cuya carrera se ha desarrollado principalmente en el teatro musical, está hasta las narices de que sólo se le asocie con The Rocky Horror Picture Show, un filme que le condenó para siempre a vestir disfraces incomodísimos (Legend) y a ejercer de villano con un punto excéntrico en producciones como Congo (por la que se llevó un ‘Razzie’) o la versión de Los tres mosqueteros con Chris O’Donnell y Charlie Sheen. Avisado quedas…

Johnny Weissmuller

El papel que le arruinó la vida: Tarzán (12 películas entre 1932 y 1948)

¿Cómo se la arruinó? Vale, sabemos que este atletade origen rumano no era actor profesional, sino un campeón olímpico de natación. Así mismo, su fichaje como el rey de la jungla no tuvo nada que ver con su talento dramático, sino con su condición de tío cachas. Pero recordar lo mal que se adaptó al tonteo de Hollywood (cinco matrimonios, cinco), su eterno encasillamiento en los seriales de aventuras selváticas incluso tras quitarse el taparrabos, y su triste vejez (casi se arruina en un negocio de parques temáticos, y acabó en una residencia) nos da bastante pena.

Jackie Coogan

El papel que le arruinó la vida: El chico (1921)

¿Cómo se la arruinó? Si, con ocho años escasos, el mismísimo Charles Chaplin te escoge para actuar junto a él en uno de sus mayores éxitos, tu vida como actor parece resuelta. El problema, como Coogan descubrió amargamente, es que tu madre puede pensar lo mismo. Además de por su rol en El chico, esta estrella infantil (también protagonista de varias películas con el personaje de Chiquilín) es recordada por haber prestado su nombre a la Ley Coogan, que protege las ganancias de las jóvenes estrellas de Hollywood contra la rapacidad de sus familiares. Bueno, por eso y por haber prestado su rostro a Fétido en la serie La familia Addams, cuando ya era un cuarentón poco adorable y muy corpulento.

Christopher Reeve

El papel que le arruinó la vida: Superman (1978) y sus secuelas

¿Cómo se la arruinó? Llegado al cine de pura chiripa (lo suyo era el teatro), rico por su casa y protegido de Katharine Hepburn, Reeve no sólo sufrió el encasillamiento, sino también su orgullo de actor. Mientras las entregas de Superman iban haciéndose cada vez peores, el neoyorquino rechazó papeles en películas como Arma letal, Atracción fatal y Pretty Woman. Para colmo, cuando Lo que queda del día le devolvió al ojo público, augurando una futura carrera como secundario de lujo, Reeve sufrió el accidente que le dejó tetrapléjico. Falleció en 2004.

Linda Blair

El papel que le arruinó la vida: Regan, en El exorcista (1974)

¿Cómo se la arruinó? Entre las supuestas maldiciones que aquejaron al filme de William Friedkin y su reparto, debería figurar el destino de su protagonista. Tras ser nominada al Oscar, la Blair sólo recibía ofertas de papeles de niña abusada, maltratada o problemática, y tras protagonizar la secuela El exorcista II: El hereje (1977) fue arrestada por posesión y venta de drogas. Como ella misma bromea, su carrera “se hundió más rápido que el Titanic”, optando desde entonces sólo a producciones de terror de serie B. En 1991, Blair protagonizó Reposeída, una parodia del filme que le dio la fama en la que compartía plató con Leslie Nielsen.

Mikheil Gelovani

El papel que le arruinó la vida: Josef Stalin, en 14 películas

¿Cómo se la arruinó? Caerle bien a un hombre poderoso puede ser una bendición o una maldición. Más bien esto último si dicho magnate es el ‘padrecito’ de la Unión Soviética: fascinado con este actor, al que se veía muy parecido, Stalin impuso su presencia en las películas sobre su vida, prohibiéndole encarnar a otros personajes porque eran “simples mortales”. Tras la muerte del dictador y el ascenso de Nikita Khruschev, Gelovani fue desterrado del cine soviético, y falleció totalmente olvidado en 1956. Justo el año en el que el nuevo premier pronunció su ‘discurso secreto’ en el que reconocía los crímenes de Stalin ante el Politburó.

Extraido de Cinemania.com

¿Te ha gustado el articulo?